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En México, sólo 3 estados consideran los ataques con ácido hacia las mujeres como delito grave

Por: Dulce García |

Las mujeres atacadas con ácido viven consecuencias físicas y psicológicas importantes, ya que al arrojar y quemar a alguien con ácido, implica querer disolver a una persona física y psicológicamente, y de manera premeditada, es sentirse con el poder de causar daños permanentes.

Sin nada que presumir, en la primera mitad de 2021, en México asesinaron a mil 879 mujeres y lesionaron a más de 33 mil. Se denunciaron casi 10 mil 500 violaciones y más de 23 mil 900 casos de violencia familiar, dos delitos que en marzo y mayo respectivamente batieron récords.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) para las Mujeres señala que entre las víctimas de los ataques con ácido hay hombres y niños, pero el 80% son mujeres generalmente atacadas por parejas o exparejas o por personas pagadas por ellos.

Las violencias previas en el ámbito familiar, económico y social, llevan a las mujeres a querer separarse de los perpetradores de violencia, por lo que al tomar distancia del agresor, el químico es la gota que derrama el vaso, por lo que debiera considerarse como un intento de feminicidio.

En México, los ataques con ácido no son reconocidos legalmente

En México sólo 3 de las 32 entidades del país, reconocen a los ataques con ácido como intentos de feminicidio a pesar de que la violencia de género es cotidiana.

La violencia no se puede normalizar, toca exigir justicia y principalmente no callar.

Diciembre 2020 marcó el nacimiento de la Fundación Carmen Sánchez

La Fundación Carmen Sánchez, se creó en diciembre de 2020 y fue constituida por la misma Sánchez, activista feminista y sobreviviente a un ataque con ácido. Ella en compañía de Ximena Canseco, historiadora e investigadora independiente, han concretado la primera organización social que enfoca su atención en mujeres víctimas de ataques con ácido en México.

La historia de Carmen Sánchez, data desde el año 2014, cuando fue atacada mientras desayunaba con su madre y hermanas, cuando su ex pareja Efrén García, entró en la casa y la arrojó ácido encima de su rostro y cuerpo. El perpetrador huyó en el vehículo de un cómplice, mientras Carmen sentía cómo la barbilla se le quedaba pegada al cuello y el celular se derretía en sus manos.

La fundadora y directora de la organización no gubernamental, afirma que desde el principio sólo tuvo dos opciones: o se dejaba morir, o miraba sus cicatrices, las de adentro y las de afuera, y entendía que esa era mi nueva realidad. Por ello uno de los objetivos fundamentales de su lucha y de la de su organización, es la exigencia de cambios legales para que los ataques con ácido, sean considerados en todo el país como intentos de feminicidio.

De acuerdo a datos recabados por la fundación, se tienen registrados 29 ataques, cinco de ellos perpetrados en 2021. Si bien, esta cifra puede parecer mínima, se teme que sea sólo la punta del iceberg.

Parte de la lucha por tipificar este delito, es ser vistas

La acción de visibilizar sus rostros y mostrar sus cicatrices no es simplemente causar malestar, ellas, las víctimas, aspiran a que poner un muelle en una garganta deshecha o pasar por el quirófano para que pueda abrirse un ojo, sean consideradas cirugías de primera necesidad. Reclaman ser vistas, aunque verlas duela.

Ximena Canseco, historiadora y cofundadora de la Fundación Carmen Sánchez, recuerda cómo en sólo un día, el 29 de julio, les contactó una sobreviviente de hace 30 años y encontraron un mensaje de auxilio en Facebook de la madre de una joven a la que acababan de lanzar ácido desde una moto.

En México las cifras están aumentando, reconoce la Fiscal Especializada para la Investigación del Delito de Feminicidio en la Ciudad de México (CDMX) Sayuri Herrera Román, afirma que no hay estadísticas oficiales claras, pero no dejan de aparecer casos de víctimas de ataques con ácido, tanto actuales como del pasado.

A finales del pasado mes de Julio, Carmen Sánchez se hizo acreedora a un premio por la Cámara de Diputados, y en su discurso, dejó claro a los legisladores que las mujeres como ella no solo se enfrentan a la violencia del agresor sino también a la indiferencia e impunidad del Estado, a la revictimización de los medios de comunicación y a la exclusión y discriminación social y laboral.

Las víctimas de estos ataques, merecen ser reconocidas, merecen ser reinsertadas en la sociedad, merecen atención médica y psicológica, merecen certeza económica, merecen ser vistas con sus cicatrices y dignificar su vida.

Con información de Reporte Índigo, La Saga, Zona Franca y Redes sociales

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