Nacional

14 años de huelga en Taxco gracias a la ambición de Napoleón Gómez Urrutia

Por: Carlos Carrera

El 30 de Julio del 2007, trabajadores adheridos al sindicato minero, cerraron las puertas de las minas de Taxco, por órdenes de Napoleón Gómez Urrutia, para cubrir su huida a Canadá, se trataba de dejar la industria minera incendiada.

El dueño del Sindicato minero, ordenó a sus incondicionales, tomar las instalaciones del complejo  de  minas subterráneas  conocidas como San Antonio, Remedios y Guerrero, de donde extraían zinc, plomo, oro y plata, para  exigir mejores condiciones laborales, salariales y seguridad a la empresa que pertenece a Grupo México. 

Carlos Pavón, quien era un cercano colaborador de Gómez Urrutia, cuenta en su colaboración editorial en el diario 24 horas, como se vino abajo una negociación que le daba a los trabajadores la oportunidad de recuperar sus empleos en mejores condiciones salariales.

“No firmen nada”, nos dijo al llamarnos desde Vancouver, Canadá. Fue así como en 10 minutos el entonces prófugo de la justicia, Napoleón Gómez Urrutia, tumbó la negociación que sostuvimos por semanas con las autoridades de la Secretaría del Trabajo y la empresa para levantar las huelgas de Cananea, Sombrerete y Taxco, mismas que estalló coordinadamente para ahorcar a la empresa y así lucrar y obtener beneficio propio

Según el ahora diputado federal y ex integrante del sindicato minero de “Napito” la empresa había aceptado las peticiones del sindicato para que los más de 2 mil compañeros de las tres minas recuperarán su empleo.

 El acuerdo era jugoso, incluía el pago de salarios caídos y el reconocimiento de la huelga, entre otros. Se veía el término de los paros, sin embargo, una vez más Napillo jugó con la necesidad de los obreros.

Desde el autoexilio, movía todo en su residencia de más de dos millones de dólares en Canadá y dio muestra de ello cuando, a unas horas de concretar el fin de las huelgas, echó atrás el acuerdo al decir que nada se firmaría hasta que le retiraran las denuncias penales que había en su contra por la malversación de 55 millones de dólares en detrimento de los mineros. 

No se midió y además de los 55 mdd que se robó, exigió el pago directo de otros 100 millones de dólares por daño moral.

A Napo, cuenta Carlos Pavón, no le bastó con robarse 55 millones de dólares, sino que pidió 100 millones de dólares para él. Está loco, dijeron algunos, incluso los que negociamos por el sindicato no lo podíamos creer, dejaba en claro que los trabajadores eran el vehículo que usaba para extorsionar a la empresa y al Gobierno. 

El hecho fue tan real, que en la entrada principal de la Secretaría del Trabajo colocaron una gran manta diciendo que en esa dependencia no se trataban asuntos penales, es decir, no cayeron en sus chantajes y no aceptaron quitarle las órdenes de aprehensión. 

De las supuestas tres huelgas con las que aún lucra, solo la de Taxco sigue vigente. La realidad hizo que los trabajadores se dieran cuenta que trataban con un bribón.

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