Patitas y Orejitas

La inspiración felina en los creativos de las letras, el cine, la pintura y el anime

Por: Dulce García |

Escritores, pintores, cineastas, rockeros y hasta diseñadores de anime, por mencionar algunos, han sido inspirados para sus creaciones o llenar sus vidas por los gatos. 

En un poema titulado “Los gatos”, Charles Bukowsky escribe: “Caminan con sorprendente dignidad./ Duermen con una sencillez directa/ que los humanos no comprenden/. Sus ojos son más hermosos que los nuestros/ y pueden dormir 20 horas al día/sin dudas ni remordimientos. Cuando me siento mal/ me basta con mirar a mis gatos/. Estas criaturas son mis maestros”, revelando una fascinación por la vida felina.

Pablo Neruda tiene su propia “Oda a los gatos”, donde dice que el gato es el animal perfecto: lo llama “pequeño emperador”, “mínimo tigre de salón”, “fiera independiente de la casa”, “arrogante, perezoso, gimnástico”.

En “El gato con botas” (1697), Charles Perrault hace protagonista de la historia a la astucia gatuna, en la misma línea, el gato de Cheshire que aparece en Alicia en el país de las maravillas (1865), de Lewis Carroll, además del don de la invisibilidad y la omnipresencia, tiene el don de la reflexión filosófica y una singular sonrisa que no pasa inadvertida. 

La inteligencia de estos animales se transforma en picardía y excentricidad en “El libro de los gatos mañosos del viejo Possum” (1939), que el poeta norteamericano T. S. Eliot escribió para sus nietos y que inspiró años después, el multipremiado musical Cats (1981).

“El gato negro” (1843), de Edgar Allan Poe, apunta que “todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas”, en donde el gato llamado Plutón, es depositario del karma del protagonista, que mata a su mujer y es delatado ante la policía por el maullido del gato.

El cine y la animación también tienen sus respectivos homenajes a la picardía gatuna: Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki, 1988), Haru en el reino de los gatos (Hiroyuki Morita, 2002) o hasta en Coraline y la puerta secreta (2009) refuerzan la idea de que los gatos viven, literalmente, en otra dimensión, en su propio mundo.

El poder simbólico del gato es fascinante, es misterioso, es dual, es único, por eso nos orillan a no ser parte de su familia o sus dueños como se dice para referir a la relación con una mascota, sino que ellos son quienes deciden o no hacernos parte de su vida, no viceversa.

Con información de Eterna Cadencia

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