Economía y Finanzas

Nuestra forma de decidir si gastamos o no es como elegir una película de arte o una palomera

Por: Dulce García |

Según el investigador Daniel Read, profesor de economía conductual en Warwick Business School, llama “el efecto inmediato” a la forma en que decidimos adquirir algo, por lo que a través de un estudio analiza que las personas nos regimos por expectativas y aunque sepamos por los analistas económicos que la economía no va a mejorar y debemos tener precauciones, probablemente decidimos gastar nuestro dinero en lo inmediato y no hacer inversiones a futuro incluso con tasas de interés realmente bajas.

Read afirma que tenemos una tendencia a pensar de forma diferente sobre “lo que queremos en el momento”, que cuando pensamos en nuestro “ser futuro”, y señala que al indicar a los participantes del estudio sobre elegir una película para ver esa noche y luego elegir una película que verían dos noches después y posteriormente otra cuatro noches más tarde, considerando que tendrían una demora entre la elección y la fecha en la que se vería la película, se elegiría una película “de arte”, pero si se trataba de lo que verías esa noche, sería una “palomera”, además de que la película que recomiendas y cuentas es la película de arte, pero la palomera sería una película vista que no comentarias o a la que no darías recomendación.

Lo anterior se da debido a que afirma que la capacidad de las personas para tomar una decisión en la que tenemos que tener “planes ambiciosos” para nuestro yo posterior, es una y muy distinta a cuando deseamos “placeres inmediatos” para nuestro yo actual, lo que interviene en nuestras decisiones como la manera de gastar y administrar.

Una de las razones es que “deseamos” equilibrar lo que obtenemos a lo largo de nuestra vida, por lo que tenemos tres opciones para evaluar hacia a dónde enfocamos nuestros recursos, siendo que iniciamos pidiendo dinero prestado cuando somos jóvenes, anticipando que tendremos dinero para pagarlo cuando seamos mayores, una segunda es invertir en el futuro, y la tercera es que “somos impacientes”.

El estudio de Read apunta a una impaciencia irracional, que a veces nos impulsa a gastar hasta lo que no tenemos, aunque tengamos recomendaciones de no hacerlo. Pensamos por ejemplo en el crédito de alto costo para adquirir cosas como  televisores grandes o irse de vacaciones, en lo que pensamos es: ¡Me muero por tener ese televisor!, no en las altas tasas de interés que tendremos que pagar, la atracción del placer inmediato eclipsa el dolor futuro, y eso es lo que le da cabida a los tarjetazos o préstamos con tasas de interés altísimas, aunque nos lleguemos a sentir “ahogados” en el yo futuro.

En conclusión, no somos racionales a la hora de gastar y mucho menos nos fijamos en las tasas de interés, ya que nos regimos por un mero impulso de satisfacción inmediata inherente a nuestra naturaleza humana.

Con información de BBC News

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